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Temas para Adolescentes

Este es un excelente recurso para discutir y debatir principios bíblicos en clase de adolescentes. Son devocionales con historias de la vida cotidiana muy divertidas que el maestro podrá leer en clase con todo el grupo en forma alternada, ayudándoles a liberar la imaginación y la opinión de los adolescentes sobre las distintas situaciones y escenarios que pudieran estar enfrentando en su vida personal.
Adicionalmente viene con una hoja de trabajo lista para imprimir online, con sencillas preguntas y guía para la investigación bíblica que los ayudará a meditar, entender y aplicar a sus vidas las verdades compartidas para su propio crecimiento personal.
El maestro podrá usar estas hojas de trabajo en clase, dividiendo a lo alumnos en grupos o como tarea para hacer en casa.
¡Sea creativo y diviértase con sus alumnos mientras les enseña la palabra de Dios!

Tema #19 – Examina y limpia tu corazón

¡Dios pue­de ha­cer­te es­ta “li­po­suc­ción de co­ra­zón”! Él pue­de en­trar en tu co­ra­zón man­cha­do por el pe­ca­do y lim­piar­lo por com­ple­to, dán­do­te un nue­vo co­mien­zo. Lo úni­co que de­bes ha­cer es con­fe­sar tus pe­ca­dos y pe­dir­le a él que los per­do­ne y te ha­ga co­men­zar a ca­mi­nar en el “Ca­mi­no de San­ti­dad” (Isaías 35:8).

Tema #20 – Permite que Dios te resucite en Cristo

La pro­me­sa de Dios en Cristo es muy cla­ra: “el pe­ca­do no se en­se­ño­rea­rá de vo­so­tros”. No “algún día”, no “en sen­ti­do ge­ne­ral”, si­no en for­ma de­fi­ni­ti­va, es­pe­cí­fi­ca, y aho­ra. El mismo poder que resucitó a Cristo de entre los muertos ahora vive en ti y está listo para darte la victoria absoluta en tu vida.

Tema #21 – Ríndete totalmente al Dios de amor

Así co­mo un mon­tón de ar­ci­lla só­lo se con­vier­te en un te­so­ro des­pués de ren­dir­se al al­fa­re­ro, de esa mis­ma ma­ne­ra, tú só­lo co­men­za­rás a ex­pe­ri­men­tar go­zo, paz, vic­to­ria y ple­ni­tud des­pués de ren­dir­te, com­ple­ta e in­con­di­cio­nal­men­te, a Dios.

Tema #22 – Aprende a depender de la gracia

Sig­ni­fi­ca con­fiar en Dios pa­ra tu san­ti­fi­ca­ción de la mis­ma ma­ne­ra que con­fias­te en él pa­ra tu sal­va­ción, di­cien­do, co­mo Pa­blo, “por­que yo sé a quién he creí­do, y es­toy se­gu­ro que es po­de­ro­so pa­ra guar­dar mi de­pó­si­to pa­ra aquel día” (2 Ti­mo­teo 1:12).

Tema #23 – Permite que Cristo viva en ti

El jo­ven o la jo­ven­ci­ta que ha ex­pe­ri­men­ta­do la nue­va vi­da en Cris­to, re­ci­be, en el mo­men­to de na­cer de nue­vo, al Es­pí­ri­tu San­to. Cris­to mis­mo, por me­dio del Es­pí­ri­tu San­to, vie­ne a vi­vir den­tro del nue­vo cre­yen­te. “En aquel día co­no­ce­réis que yo es­toy en mi Pa­dre, y vo­so­tros en mí, y yo en vo­so­tros.” (Juan 14:20).

Tema #24 – Una relación de amor con Dios

La co­mu­nión con Dios es un ca­mi­no de do­ble sen­ti­do. No se te ocu­rri­ría lla­mar a tu no­vio o no­via por te­lé­fo­no, ha­blar du­ran­te una o dos ho­ras y lue­go col­gar sin de­jar­le de­cir una pa­la­bra, ¿ver­dad? Cla­ro que no, por­que en cual­quier re­la­ción de amor hay co­sas que quie­res es­cu­char, tan­to co­mo co­sas que quie­res decir.

Tema #25 – El Arre­pen­ti­mien­to de Brian

Si es­tás vi­vien­do en sen­ti­do ver­ti­cal, no tie­nes que de­ses­pe­rar­te si el ten­ta­dor ob­tie­ne una vic­to­ria mo­men­tá­nea so­bre ti; la so­lu­ción es ir in­me­dia­ta­men­te a los bra­zos de tu Pa­dre, pi­dién­do­le per­dón y res­tau­ra­ción, y lue­go, co­mo Brian, sa­lir otra vez “a ju­gar”, con una ma­yor cons­cien­cia del amor, la gra­cia y la pre­sen­cia ob­ser­va­do­ra del Pa­dre.

Tema #26 – La verdadera belleza

Es lin­do ser her­mo­sa, pe­ro no to­dos na­ce­mos con se­ña­les de be­lle­za bien co­lo­ca­das. Pe­ro es­tá bien así, por­que la piel, el ca­be­llo y el pe­so no son las úni­cas co­sas que ha­cen atrac­ti­va a una per­so­na. Lo más efec­ti­vo, lo creas o no, es la san­ti­dad.

Tema #27 – El secreto de la paz interior

“Tú guar­da­rás en com­ple­ta paz”, le di­ce Isaías a Dios, “a aquel cu­yo pen­sa­mien­to en ti per­se­ve­ra; por­que en ti ha con­fia­do” (26:3). La vi­da ver­ti­cal brin­da el in­gre­dien­te que tan­tas ve­ces fal­ta en la vi­da de los adolescentes.